lunes, 10 de junio de 2019

¿Qué es en realidad Ciudadanos?


Sabemos que, en origen, se habían unido un grupo de fundadores con marcado carácter conservador. Para mitigar este concepto del pasado, decidieron que, por un tiempo, serían socialdemócratas... Hasta que pasado otro tiempo, variaron de nuevo y se dieron a conocer como liberales. Con lo que ello quiera significar.

 Es cierto que la plataforma, en su momento, sintió un gran espaldarazo con la llegada de Albert Rivera; un líder creado exprés, al estilo Macron, para atraer al votante liberal que se replanteaba su voto al PP (el otro partido que con dogmas liberales de este país) por sus numerosísimos casos de corrupción. Ciudadanos prometía ser al PP, lo que Podemos había sido al PSOE. Es cierto que el crecimiento de la formación de Pablo Iglesias Turrión fue más rápido, más fulgurante e impulsado por fuerzas como las del movimiento 15M, tan de moda por aquellos tiempos. Ciudadanos, sin embargo, tenía que luchar contra el voto nostálgico de Alianza Popular, contra los vagos y equívocos recuerdos del Milagro económico y contra el Liberalismo tradicional de toda la vida. Y les ha costado. Tanto que aún, Ciudadanos, no conoce más poder (en términos netos) que el tripartito andaluz, y desean como agua de mayo, tocar poder en la Comunidad de Madrid, por eso, en el camino, son capaces de arrancarse la careta liberal o socialdemócrata, y pactar con la extrema derecha representada en VOX.

 Este gesto se lo afean desde Europa, Bruselas no entiende la postura de Albert Rivera y los suyos, puesto que dan manga ancha al partido ultraderechista Vox, euroescéptico, ultranacionalista y contrario a todos los grandes postulados de la Europa comunitaria. Macron, primer ministro francés y algo así como el gurú de la fuerza liberal ha instado a aislar al movimiento que pretende acabar con la UE por la fuerza, y de los peores modos. En España, Manuel Valls, aliado Ciudadano en Barcelona, ha entendido como una acción impropia de los suyos este acercamiento a Abascal.

 Albert Rivera, un político de carisma y facilidad oratoria, ha cambiado. Y lo ha hecho a peor, me consta. Sus rifirrafes en los debates en los que muestra una cara arisca, su continua mención a la unidad de España y su llamamiento constante a la España de bien (como patrimonializándola) le han convertido en el Lerroux moderno. Capaz de cambiar de opinión casi con cada viento, Rivera es adalid de la lucha contra las legislaturaas sempiternas del PSOE en Andalucía, pero defiende las de las derechas en Madrid. Capaz de propugnar que en Navarra ha de liderar el gobierno la lista más votada por el mero hecho de serlo, pero atacar la intención de Pedro Sánchez de formar gobierno en la nación por el mismo principio.

 Rivera ha elegido bando, y en un partido tan personalista como es el de origen catalán, es sumir a la formación en el terreno de las derechas españolas. Antes, repetía una y otra vez que "no eran derecha ni izquierda, ni rojos ni azules"... hoy, son derecha y muy azules. Ciudadanos ha impuesto, como prueba de esto, un veto al PSOE, lo llaman "cordón sanitario", sin embargo, está abierto a negociar gobiernos con el PP (el de la corrupción que sigue) y con VOX (lo más rancio del consevadurismo patrio). Entiende Ciudadanos que el plan no puede ser dividir España, y constantemente, apela a la no posibilidad de romper con las normas que lo impiden. Como si todos no supiéramos lo que él... Claro que este frustrado Doctor en derecho Constitucional no es capaz de tener la templanza y raciocinio suficiente para tratar estos temas con más sosiego, con más calma, inconsciente como es de que estos gritos al aire fueron una de las causas que derivaron en los 30 al escenario de una guerra fraticida entre españoles.

 En realidad, Ciudadanos es un invento hecho para abarcar todo el espectro de votantes que no quieren más bipartidismo. Desmarcado a la derecha, liberal o muy liberal en sus ideales económicos, amigo de Aznar (que los ha defendido siempre que ha podido), con un líder carismático y buena oratoria (aunque cada vez menos capacidad de debatir), envuelto en banderas y ajeno al movimiento liberal europeo. Amigo del PP y socio del VOX de Abascal. Es un partido que pone vetos a todas las izquierdas, a las que repudia como haría el mejor José Mari. Ciudadanos es todo esto hoy, pero es que hace un par de años era lo contrario. La evolución ha querido que su líder, Rivera, y sus patrocinadores (dejemos el tema ahí) hayan visto un hueco en el que instalarse a la derecha del tablero, y lo han aprovechado, cubriendo casi todos los huecos que ha ido dejando el decadente PP de Casado.

 Lo dicho, Ciudadanos no es cambio. Es la evolución "tranquila" del Liberalismo, para seguir sosteniendo el poder de los de siempre en detrimento del papel protagonista del Estado.

lunes, 3 de junio de 2019

¿Seguimos por el camino equivocado?

Si algo demostró la Crisis de 2008 es que el camino que tomó el Capitalismo, no era en la buena dirección. Sin apenas mecanismos reguladores, los Estados se convirtieron en patrocinadores de los desmanes de las manos privadas, y en especial del sistema bancario, sin pasarles factura posterior, más que en forma de pequeñas barreras a su inmenso poder, que les llevó incluso, a generar su propio dinero "privado" aparte de los Bancos Centrales nacionales.

 La pésima gestión de los órganos nacionales y supranacionales de esta Crisis, la peor desde 1929 en términos financieros según las consecuencias que ha dejado, ha estado y debe de estar en el centro de las miras de todos los ciudadanos. Y es este pésimo tratamiento de las herramientas y acciones lo que puede entenderse como el auge de los populismos, de uno y otro lado, y de los extremos, más importantes aquellos de derechas, que, en la cuenta que nos toca como habitantes de esta parte del mundo, se declaran abiertamente euroescépticos y hacen tambalear aún más a la Unión Europea, cuyos cimientos son, y quizás han sido siempre, endebles.

 Lo peor de estos movimientos populistas, de estos extremos de las derechas (en España, nos habíamos mantenido al margen de los países de la periferia europea hasta la irrupción de VOX) y de una nueva corriente ultraliberal, es que proponen una salida que sigue andando en la misma dirección, eliminando de facto el poder corrector del Estado como órgano administrativo común de las nacionalidades. Además, propugnan una general bajada de impuestos disminuyendo el poder de acción de los Gobiernos ante Crisis como esta que hemos vivido. Es impensable, y lo repito, impensable, que un Estado que carece de ingresos propios pueda volver a insuflar miles de millones de euros al sistema bancario a cuenta de lo que ingresa por el sistema tributario. Imposible. La factura, insisto, la próxima vez, será impagable si seguimos estos mecanismos. Y eso lo saben en Berlín, en Madrid, en Roma, incluso en Wall Street (aunque estos parecen ir en otro tren y no han querido terminar de enterarse).

 Pensemos qué supone para el Estado español, el que nos toca más de cerca, aportar 60.000 millones de euros a fondo perdido a la recuperación de cajas y bancos quebrados. Es como si uniésemos el presupuesto de los Ministerios de Defensa, Hacienda, Interior, Fomento, Educación, Industria y Agricultura, y los destinásemos un año entero a salvar a unos bancos y cajas que estaban, no lo olvidemos, bajo la fiscalización de, entre otros, el Banco de España o la Comisión Nacional del mercado de Valores, entidades politizadas hasta el extremo, que olvidaron su condición de supervisores.

 Pensemos en los casi 60.000 millones de euros que España ha regalado a estos señores, han saneado muchas cuentas de explotación y presupuestos (alguna vez, además, hablaremos del coste para todos los europeos de comprar títulos valores de los bancos de la UE, tóxicos, sin rentabilidad alguna, a fondo perdido igualmente.) de entidades que han sido absorbidas por esos bancos que se conocen como "sistémicos", que son entidades que por su volumen de negocio, se hacen "esenciales" en las economías financieras de cada país. Estos nuevos bancos han salido de la crisis, a menudo, aún más potentes, con mayor control sobre el mercado y con la confianza de saber que, ante dispendios y malos usos, habrá un Estado que les respalde. De facto, la Crisis de 2008 ha llevado a un potente oligopolio, en el que 30 entidades financieras controlan el 85% de la economía mundial... y cinco, el 60% del mercado en nuestro país (solo el Santander es un banco "sistémico" a nivel mundial según el Consejo de Estabilidad Financiera). De estos responsables bancarios, muy pocos han sido juzgados y aún menos, encarcelados por sus nefastas gestiones, a espaldas de los Gobiernos y organismos internacionales; antes al contrario, en general, tras escasos tirones de oreja, los señores de los inmensos consejos de Administraciones, ganan en un año lo que el trabajador medio europeo tarda nueve en generar.

 Volvemos a ver pequeñas burbujas en el mercado inmobiliario (en China es una de las grandes preocupaciones del Gobierno), se teme en España con los alquileres, en Francia o en Reino Unido (con una Irlanda ya muy castigada de atrás); varias entidades bancarias vuelven a dividir en muchas "porciones" los préstamos que ceden, las hipotecas que colocan,... Además, ahora, la crisis del comercio global iniciada por la temeraria política de Trump con China o Méjico, aseguran enormes incertidumbres (certificadas por las seis semanas de caídas continuadas del Dow Jones) que, finalmente, suelen ser causa de roturas de las costuras del fino equilibrio del sistema financiero capitalista.

 Obama, en su momento, por tiempos Draghi y  en especial el Banco Central chino, estuvieron cerca de acertar con la decisión de lanzar al mercado estímulos finalistas para mejorar las demandas de cada país. Pero no fueron capaces, sus planes primigenios, o acaso sus intenciones, se quedaron en ayudar a los bancos en apuros, con el ingenuo fin de que restablecidos los balances económicos, aportarían dinero a los mercados privados, harían fluctuar el crédito... pero no, a cada inyección, se mostraba cuan profundo era el agujero, y los bancos utilizaron los capitales para remunerar a sus maravillosos Consejos de Administración así como para quitarse la basura que habían ido guardando en el trastero... sin que los ciudadanos nos enterásemos de nada.

 Tiene pinta de que nadie se ha dado por aludido... los liberales, la derecha, habla de cerrar mercados al exterior, de disminuir impuestos,... pero nadie habla de estimular la economía real, la demanda. Y esto, prevé un crecimiento muy tímido, cuando no estancamiento, para los próximos años... y ojo, como antes no estalle algunas de las zonas de presión del globo...