lunes, 3 de junio de 2019

¿Seguimos por el camino equivocado?

Si algo demostró la Crisis de 2008 es que el camino que tomó el Capitalismo, no era en la buena dirección. Sin apenas mecanismos reguladores, los Estados se convirtieron en patrocinadores de los desmanes de las manos privadas, y en especial del sistema bancario, sin pasarles factura posterior, más que en forma de pequeñas barreras a su inmenso poder, que les llevó incluso, a generar su propio dinero "privado" aparte de los Bancos Centrales nacionales.

 La pésima gestión de los órganos nacionales y supranacionales de esta Crisis, la peor desde 1929 en términos financieros según las consecuencias que ha dejado, ha estado y debe de estar en el centro de las miras de todos los ciudadanos. Y es este pésimo tratamiento de las herramientas y acciones lo que puede entenderse como el auge de los populismos, de uno y otro lado, y de los extremos, más importantes aquellos de derechas, que, en la cuenta que nos toca como habitantes de esta parte del mundo, se declaran abiertamente euroescépticos y hacen tambalear aún más a la Unión Europea, cuyos cimientos son, y quizás han sido siempre, endebles.

 Lo peor de estos movimientos populistas, de estos extremos de las derechas (en España, nos habíamos mantenido al margen de los países de la periferia europea hasta la irrupción de VOX) y de una nueva corriente ultraliberal, es que proponen una salida que sigue andando en la misma dirección, eliminando de facto el poder corrector del Estado como órgano administrativo común de las nacionalidades. Además, propugnan una general bajada de impuestos disminuyendo el poder de acción de los Gobiernos ante Crisis como esta que hemos vivido. Es impensable, y lo repito, impensable, que un Estado que carece de ingresos propios pueda volver a insuflar miles de millones de euros al sistema bancario a cuenta de lo que ingresa por el sistema tributario. Imposible. La factura, insisto, la próxima vez, será impagable si seguimos estos mecanismos. Y eso lo saben en Berlín, en Madrid, en Roma, incluso en Wall Street (aunque estos parecen ir en otro tren y no han querido terminar de enterarse).

 Pensemos qué supone para el Estado español, el que nos toca más de cerca, aportar 60.000 millones de euros a fondo perdido a la recuperación de cajas y bancos quebrados. Es como si uniésemos el presupuesto de los Ministerios de Defensa, Hacienda, Interior, Fomento, Educación, Industria y Agricultura, y los destinásemos un año entero a salvar a unos bancos y cajas que estaban, no lo olvidemos, bajo la fiscalización de, entre otros, el Banco de España o la Comisión Nacional del mercado de Valores, entidades politizadas hasta el extremo, que olvidaron su condición de supervisores.

 Pensemos en los casi 60.000 millones de euros que España ha regalado a estos señores, han saneado muchas cuentas de explotación y presupuestos (alguna vez, además, hablaremos del coste para todos los europeos de comprar títulos valores de los bancos de la UE, tóxicos, sin rentabilidad alguna, a fondo perdido igualmente.) de entidades que han sido absorbidas por esos bancos que se conocen como "sistémicos", que son entidades que por su volumen de negocio, se hacen "esenciales" en las economías financieras de cada país. Estos nuevos bancos han salido de la crisis, a menudo, aún más potentes, con mayor control sobre el mercado y con la confianza de saber que, ante dispendios y malos usos, habrá un Estado que les respalde. De facto, la Crisis de 2008 ha llevado a un potente oligopolio, en el que 30 entidades financieras controlan el 85% de la economía mundial... y cinco, el 60% del mercado en nuestro país (solo el Santander es un banco "sistémico" a nivel mundial según el Consejo de Estabilidad Financiera). De estos responsables bancarios, muy pocos han sido juzgados y aún menos, encarcelados por sus nefastas gestiones, a espaldas de los Gobiernos y organismos internacionales; antes al contrario, en general, tras escasos tirones de oreja, los señores de los inmensos consejos de Administraciones, ganan en un año lo que el trabajador medio europeo tarda nueve en generar.

 Volvemos a ver pequeñas burbujas en el mercado inmobiliario (en China es una de las grandes preocupaciones del Gobierno), se teme en España con los alquileres, en Francia o en Reino Unido (con una Irlanda ya muy castigada de atrás); varias entidades bancarias vuelven a dividir en muchas "porciones" los préstamos que ceden, las hipotecas que colocan,... Además, ahora, la crisis del comercio global iniciada por la temeraria política de Trump con China o Méjico, aseguran enormes incertidumbres (certificadas por las seis semanas de caídas continuadas del Dow Jones) que, finalmente, suelen ser causa de roturas de las costuras del fino equilibrio del sistema financiero capitalista.

 Obama, en su momento, por tiempos Draghi y  en especial el Banco Central chino, estuvieron cerca de acertar con la decisión de lanzar al mercado estímulos finalistas para mejorar las demandas de cada país. Pero no fueron capaces, sus planes primigenios, o acaso sus intenciones, se quedaron en ayudar a los bancos en apuros, con el ingenuo fin de que restablecidos los balances económicos, aportarían dinero a los mercados privados, harían fluctuar el crédito... pero no, a cada inyección, se mostraba cuan profundo era el agujero, y los bancos utilizaron los capitales para remunerar a sus maravillosos Consejos de Administración así como para quitarse la basura que habían ido guardando en el trastero... sin que los ciudadanos nos enterásemos de nada.

 Tiene pinta de que nadie se ha dado por aludido... los liberales, la derecha, habla de cerrar mercados al exterior, de disminuir impuestos,... pero nadie habla de estimular la economía real, la demanda. Y esto, prevé un crecimiento muy tímido, cuando no estancamiento, para los próximos años... y ojo, como antes no estalle algunas de las zonas de presión del globo...

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